Caminos... Raíces...
El idioma árabe da inicio al camino, que sin ser propuesto es emprendido y sigue siendo recorrido el día de hoy, la mañana de hoy martes... Shukran¡ Camino hacia la sarrapia, hacia los sarrapiales. Pienso y hablo de la sarrapia y automáticamente evoco a mi mamá, a sus sueños y sus manos, a su trabajo ciego desde siempre hacia los sarrapiales, vuelve consciente a sus raíces, y yo sigo esos pasos sin proponerlo, con cierta especie de inercia camino hacia los sarrapiales, o llevada por la misma energía que a ella? la tierra? las raíces? nuestros ancestros? Documentar sus experiencias en esta aventura se ha vuelto una labor, y con éstas, las mías...
Mi primer contacto con la sarrapia fue un click de amor, embrujo total, una taza de café recién colado por sus manos, una pizca de sarrapia y miel de mastranto.... intento ubicar una palabra que describa la sensación, aún no lo logro, sólo tengo un paisaje en mi mente, es "el campo", el campo de mi abuelo; el de mi niñez. Veo sabanas y chaparros, camino y huele a mastranto, entonces vuelo en segundos, la palabra que busco tiene que ver con raíces, mis raíces... Y más o menos así arranca la aventura.
"Pon en un frasco tres semillas de sarrapia, machaca una sola, y ponle alcohol, lo tapas bien y de vez en cuando lo destapas, verás que aroma se impregna en la habitación..." Palabras de un productor sarrapiero un domingo cualquiera.
La sarrapia o haba tonka, curioso nombre éste, así la encontramos en internet, yo la encuentro en los sarrapiales, al sur de nuestro majestuosa Venezuela.
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